ITINERARIO DETALLADO:
DOMINGO. ESTACIÓN DE ORIGEN > ASTURIAS (CENA)
Presentación y salida por cuenta propia desde la estación de ferrocarril. ALMUERZO por cuenta del cliente. A la llegada tiempo libre hasta la recogida a la hora indicada. Llegada al hotel. CENA Y ALOJAMIENTO.
LUNES. OVIEDO > GIJÓN (PC).
DESAYUNO. Excursión INCLUIDA con GUÍA LOCAL a Oviedo, capital del Principado de Asturias, visita panorámica del Parque San Francisco, Plaza de la Escandalera. Visita peatonal del casco antiguo empezando por la Plaza Fontán y el Mercado de Fontán, una plaza donde se alojan varias sidrerías y tiendas de artesanía. Continuamos hacía la Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de Trascorrales, aproveche para fotografiarse con la lechera y su burro. Es recomendable visitar el Museo de Bellas Artes con obras de Dalí, El Greco, Goya, etc. De allí a la Plaza de la Catedral, lugar emblemático de la obra "La Regenta" de Leopoldo Alas "Clarín" con su Catedral. Regreso al hotel. ALMUERZO TÍPICO ASTURIANO EN RESTAURANTE. Excursión INCLUIDA con GUÍA LOCAL a la villa de Gijón, destacando el Cerro de Santa Catalina, donde se inspiró Chillida para situar su Elogio del Horizonte, hoy símbolo turístico de la ciudad. Nos internaremos en Cimadevilla, el casco antiguo poblado de casas marineras y coloniales donde destaca la Torre del Reloj, la Plaza Mayor con el Ayuntamiento y la Plaza de Jovellanos con su Museo Casa Natal. Regreso al hotel. CENA Y ALOJAMIENTO.
MARTES . COVADONGA > CANGAS DE ONIS > RIBADESELLA (PC).
DESAYUNO. Excursión INCLUIDA a Cangas de Onís, primera capital del Reino de España, situada a orillas del río Sella con su famoso puente romano del que pende la Cruz de la Victoria. Continuación Covadonga. Comenzaremos visitando la Santa Cueva, donde se encuentra la Santina y la tumba del Rey Pelayo, la Basílica. Subida en taxi turístico a los Lagos de Covadonga, Enol y Ercina (entrada no incluida). ALMUERZO TÍPICO ASTURIANO EN RESTAURANTE. Excursión INCLUIDA a Ribadesella, pasearemos por el barrio de la playa donde veremos la mejor colección de "Villas de Indianos" o Palacetes de toda la costa asturiana. Continuación a la desembocadura del río Sella, famosa por el descenso internacional de piragüismo y por la pesca del salmón. Regreso al hotel. CENA Y ALOJAMIENTO.
MIÉRCOLES . RIBADEO > PLAYA DE LAS CATEDRALES > CUDILLERO (PC).
DESAYUNO. Excursión INCLUIDA a Ribadeo, en la frontera gallega, donde aconsejamos pasear por su casco urbano que conserva hermosas residencias burguesas con influencia indiana, así como la Torre de Los Moreno, que se ha convertido en emblema de la villa. Continuación hacia la Playa de las Catedrales, declarada monumento natural cuyo principal atractivo es el conjunto de arcos de roca esculpidos por la fuerza del Mar Cantábrico con el paso de los años (visible en función de las mareas). ALMUERZO TÍPICO GALLEGO EN RESTAURANTE. Excursión INCLUIDA a Cudillero, con un anfiteatro único en Asturias, se descuelga de manera escalonada, llamativa y colorista sobre el mar Cantábrico. Regreso al hotel. CENA Y ALOJAMIENTO.
JUEVES . CABO DE PEÑAS > LUANCO > VILLAVICIOSA > TAZONES (PC).
DESAYUNO. Excursión INCLUIDA al Cabo de Peñas, Mirador del Cantábrico con espectaculares acantilados. A continuación visitaremos Luanco, villa marinera que en su día fue uno de los puertos balleneros más importantes del Cantábrico. Regreso al hotel. ALMUERZO. Excursión INCLUIDA a Villaviciosa, importante centro de producción de sidra asturiana, en cuyo centro histórico se pueden ver palacios y casas centenarias. Continuación hasta el puerto de Tazones, típico puerto marinero de la costa cantábrica de calles empedradas y casas bajas donde resaltan las pinturas de sus balcones y ventanas. Regreso al hotel. CENA Y ALOJAMIENTO.
VIERNES. ASTURIAS > ESTACIÓN DE ORIGEN (DESAYUNO)
DESAYUNO. Salida a primeras horas con dirección a la estación. Tiempo libre hasta la salida del tren. ALMUERZO por cuenta del cliente. Llegada. FIN DEL VIAJE.
* Debido a las exigencias de la Xunta de Galicia, para garantizar la realización de la visita a las Playa de las Catedrales, necesitamos que se nos comunique los DNI de los participantes.
** La aplicación de las tarifas de tren en todo momento a aplicación de la tarifa depende en todo momento de la disponibilidad de plazas en los horarios y tarifas necesarios según circuito (para reservas con al menos 30 días de antelación a la salida).
Aquí no hace falta elegir. En pocos días se pasa de los Picos de Europa a los acantilados del Cantábrico, de una sidrería de Oviedo a un puerto marinero como Tazones. Y entre paisaje y paisaje, una buena mesa asturiana espera con fabada, quesos, cachopo y sidra.
PLAZAS LIMITADAS.
CIRCUITO DE HABLA HISPANA
CIRCUITO BUS ASTURIAS PAISAJE Y GASTRONOMÍA EN TREN
Seis días entre montañas, mar, sidra y pueblos con alma marinera
Asturias es uno de esos territorios que no necesitan exagerar sus encantos. Basta con recorrer sus carreteras entre montañas verdes, acercarse a un acantilado frente al Cantábrico o sentarse en una sidrería para comprender por qué esta tierra ha construido una identidad tan poderosa alrededor de su paisaje, su gastronomía y su manera pausada de disfrutar de la vida.
El Circuito Bus ASTURIAS PAISAJE y GASTRONOMÍA en tren propone descubrir el Principado desde varias perspectivas: la monumental Oviedo, la marinera Gijón, la espiritualidad de Covadonga, los paisajes de los Picos de Europa, las villas de la costa oriental y occidental, los acantilados del Cabo de Peñas y pequeños puertos como Tazones, donde todavía parece escucharse el eco de una Asturias vinculada al mar.
Asturias posee además una personalidad histórica singular. El antiguo Reino de Asturias nació en el siglo VIII, en un contexto marcado por la expansión musulmana en la península y la resistencia de los primeros núcleos cristianos del norte. La figura de Don Pelayo, asociada a Covadonga, forma parte de una memoria histórica que todavía hoy permanece estrechamente vinculada al territorio.
Pero Asturias no se explica solamente a través de grandes acontecimientos. También se entiende mirando una casona de indianos, escuchando el sonido de una gaita, contemplando una aldea encajada entre montañas o viendo cómo un camarero escancia sidra con precisión para que el líquido caiga desde cierta altura y despierte su aroma.
Y precisamente ahí reside el atractivo de este viaje: no se trata únicamente de visitar lugares, sino de enlazarlos en una experiencia donde paisaje, historia y gastronomía forman parte de una misma narración.
De la estación de origen a las tierras asturianas
El viaje comienza en la estación de ferrocarril de origen, donde los viajeros emprenden el recorrido en tren hacia Asturias. El desplazamiento ferroviario permite que el propio trayecto forme parte de la experiencia, dejando atrás progresivamente el paisaje cotidiano para adentrarse en el norte peninsular.
A la llegada a Asturias, tras el traslado hasta el hotel previsto o similar, en este caso el Asturias Langrehotel & Spa 4*, en Langreo, queda tiempo libre antes de la cena. Es un primer contacto tranquilo con una tierra que invita a bajar el ritmo.
Langreo forma parte de la comarca del Nalón, un territorio profundamente ligado a la industrialización asturiana, a la minería y a la transformación económica del Principado durante los siglos XIX y XX. Los antiguos paisajes industriales constituyen otra de las caras de Asturias, menos turística quizá, pero fundamental para comprender la identidad contemporánea de la región.
La primera noche permite descansar después del desplazamiento y preparar las jornadas siguientes, que llevarán al viajero desde las ciudades hasta los Picos de Europa y desde las villas marineras hasta algunos de los grandes miradores naturales del Cantábrico.
Oviedo: historia, arquitectura y sabor asturiano
La primera gran jornada de visitas comienza en Oviedo, capital del Principado de Asturias y una de las ciudades españolas donde el patrimonio histórico se integra de manera especialmente natural en la vida cotidiana.
El recorrido con guía local permite contemplar inicialmente algunos de sus espacios más reconocibles, como el Parque San Francisco y la Plaza de la Escandalera. El primero funciona como un verdadero pulmón urbano, mientras que la segunda sirve de transición hacia el centro histórico.
Poco después, las calles conducen hasta la Plaza del Fontán, uno de los rincones con mayor personalidad de la ciudad. El mercado y las construcciones que rodean la plaza recuerdan el carácter comercial que tradicionalmente tuvo este espacio. Hoy, además, es una zona especialmente apropiada para descubrir tiendas de artesanía y establecimientos donde la sidra ocupa un lugar protagonista.
Aquí aparece una de las experiencias más reconocibles de Asturias: los llamados culines de sidra. La sidra natural asturiana no se bebe como cualquier otra bebida. Su escanciado forma parte de un auténtico ritual. El camarero eleva la botella y deja caer el líquido sobre el vaso, buscando oxigenarlo y potenciar sus características. Se sirve en pequeñas cantidades y se bebe prácticamente de inmediato.
Para quien quiera profundizar por su cuenta en la cultura gastronómica ovetense, resulta interesante acompañar la sidra con productos locales como quesos asturianos, embutidos, tortos de maíz o una ración de cabrales.
Desde el Fontán, el recorrido continúa hacia la Plaza del Ayuntamiento y la Plaza de Trascorrales, donde una simpática escultura de la lechera y su burro se ha convertido en uno de esos rincones que invitan inevitablemente a detenerse para hacer una fotografía.
El casco antiguo conduce finalmente hacia la Plaza de la Catedral, dominada por la Catedral del Salvador. Este espacio posee además una importante dimensión literaria: la plaza está vinculada al universo de La Regenta, la célebre novela de Leopoldo Alas “Clarín”, cuya ciudad imaginaria de Vetusta guarda evidentes paralelismos con el Oviedo de su época.
Quienes dispongan de tiempo pueden acercarse al Museo de Bellas Artes de Asturias, donde se conserva una destacada colección artística con obras de maestros como El Greco, Goya o Dalí.
Después de la mañana cultural llega el momento de sentarse a la mesa. El almuerzo típico asturiano incluido en el circuito permite descubrir una cocina contundente y profundamente vinculada al territorio. La fabada asturiana, elaborada con fabes y productos del cerdo, es probablemente su plato más universal, pero no es la única especialidad que merece atención. También aparecen el cachopo, los tortos de maíz, la carne gobernada, los quesos y postres como el arroz con leche.
Por la tarde, el viaje cambia de escenario y llega a Gijón.
La ciudad se abre hacia el Cantábrico y ofrece una personalidad diferente. En el Cerro de Santa Catalina se encuentra uno de sus símbolos más conocidos: el Elogio del Horizonte, monumental escultura de Eduardo Chillida que parece abrazar el paisaje marítimo.
El viento, el olor salino y el sonido de las olas ayudan a comprender la relación histórica entre Gijón y el mar.
El paseo continúa por Cimadevilla, antiguo barrio de pescadores y uno de los espacios más carismáticos de la ciudad. Sus casas marineras, calles y plazas conservan una atmósfera propia, mientras las sidrerías y terrazas recuerdan que la gastronomía continúa formando parte esencial de la vida gijonesa.
La Torre del Reloj, la Plaza Mayor y la Plaza de Jovellanos completan este recorrido urbano, con especial interés por el Museo Casa Natal de Jovellanos, dedicado a una de las figuras intelectuales más relevantes de la Ilustración asturiana.
Covadonga, Cangas de Onís y el corazón de los Picos de Europa
La siguiente jornada conduce hacia uno de los paisajes más emblemáticos de Asturias.
Cangas de Onís aparece a orillas del río Sella como una puerta de entrada a la montaña oriental asturiana. Su célebre puente, tradicionalmente conocido como romano aunque su estructura actual corresponde a época medieval, es uno de los iconos fotográficos del Principado. De él pende una reproducción de la Cruz de la Victoria.
La localidad tiene además una enorme relevancia histórica, al estar vinculada a los primeros tiempos del Reino de Asturias y a la figura de Don Pelayo.
Desde allí, la ruta continúa hasta Covadonga, un lugar donde naturaleza, historia y tradición religiosa se encuentran en un mismo escenario.
La Santa Cueva, excavada en la pared rocosa, alberga la imagen de la Virgen de Covadonga, conocida popularmente como la Santina, además de la tumba de Don Pelayo. Frente a ella se levanta la imponente Basílica de Santa María la Real de Covadonga, construida en piedra y perfectamente integrada en el paisaje montañoso.
El ambiente de Covadonga cambia según la estación. El agua, la humedad de la roca, el sonido de los árboles y la presencia constante de la montaña crean una atmósfera que resulta difícil reproducir en otro lugar.
Uno de los momentos más esperados es la subida en taxi turístico a los Lagos de Covadonga, Enol y Ercina. La experiencia está condicionada por la meteorología y por las condiciones de acceso, pero cuando el paisaje se presenta despejado, el espectáculo resulta extraordinario.
El verde intenso de las laderas, el agua de los lagos y las montañas del entorno componen una imagen que parece más propia de un paisaje alpino que de la costa norte española.
Después de esta inmersión en la naturaleza llega nuevamente la gastronomía asturiana. Además de la fabada, merece la pena probar un buen queso Cabrales, producido tradicionalmente en la zona oriental del Principado, o un plato de carne asturiana. Para los amantes de los dulces, el arroz con leche asturiano, frecuentemente presentado con una capa de azúcar caramelizado, es una elección imprescindible.
Por la tarde, Ribadesella ofrece un nuevo cambio de paisaje.
La localidad se extiende entre el mar y la desembocadura del Sella, un río que cada verano se convierte en protagonista del célebre Descenso Internacional del Sella. La imagen de las piraguas y la animación de las fiestas vinculadas a esta competición forman parte del imaginario popular asturiano.
En el barrio de la playa destacan las villas de indianos, grandes residencias construidas por emigrantes que hicieron fortuna en América y regresaron a sus localidades de origen. Sus fachadas, torres, jardines y elementos ornamentales cuentan una historia de emigración, esfuerzo y prosperidad.
La desembocadura del Sella invita a contemplar el encuentro entre río y mar, un paisaje donde el agua parece cerrar el relato de una jornada que comenzó entre montañas.
Ribadeo y la espectacular Playa de las Catedrales
La siguiente excursión lleva al viajero hacia el extremo occidental asturiano y la vecina Galicia.
Ribadeo, ya en tierras gallegas, conserva un interesante conjunto urbano en el que destacan las residencias burguesas y las construcciones de influencia indiana. Entre ellas sobresale la Torre de los Moreno, edificio modernista que se ha convertido en uno de los símbolos arquitectónicos de la localidad.
Pasear por Ribadeo significa descubrir una ciudad donde el comercio marítimo, la emigración y la arquitectura burguesa dejaron una huella profunda.
Pero la gran protagonista de esta jornada es la Playa de las Catedrales, un Monumento Natural famoso por sus gigantescos arcos y formaciones rocosas modeladas durante miles de años por la acción del mar.
Aquí el paisaje depende de las mareas. Con la bajamar, las formaciones rocosas adquieren toda su espectacularidad y permiten caminar por una playa que parece una catedral natural construida por el océano.
Es importante tener en cuenta que la visita está condicionada por las mareas y por la regulación de acceso. Asimismo, para garantizar la visita según las exigencias indicadas en el itinerario, resulta necesario facilitar previamente los DNI de los participantes.
Tras esta experiencia atlántica, el almuerzo típico gallego permite cambiar de registro culinario. Dependiendo del restaurante, el viajero puede encontrar propuestas como pulpo a feira, empanada gallega, pescado y marisco, lacón, caldo gallego o tarta de Santiago. Para quien quiera probar algo especialmente representativo de la cocina marinera del norte, un buen pescado fresco resulta una opción excelente.
La tarde queda reservada para Cudillero, uno de los pueblos costeros más fotografiados de Asturias.
Su peculiar estructura urbana es casi teatral. Las casas se descuelgan por las laderas formando un anfiteatro de fachadas coloristas que parece mirar permanentemente hacia el puerto.
Cudillero conserva ese carácter de villa marinera donde el mar no funciona únicamente como decorado turístico, sino como parte de la memoria colectiva. Sus calles empinadas, balcones, pequeñas plazas y casas apiñadas crean un escenario de gran personalidad.
Para quien quiera disfrutar de la gastronomía por su cuenta, este es un buen lugar para probar pescados y mariscos del Cantábrico, además de platos tradicionales como la merluza, el bonito cuando está en temporada o diferentes preparaciones de marisco.
Cabo de Peñas, Luanco y el paisaje abierto al Cantábrico
La última gran jornada de visitas comienza frente al mar en el Cabo de Peñas, el punto más septentrional de Asturias.
Aquí la costa se transforma. Las playas dejan paso a enormes acantilados y el Cantábrico muestra una de sus caras más poderosas. El viento suele ser protagonista y el horizonte parece prolongarse indefinidamente.
El Cabo de Peñas permite comprender hasta qué punto el paisaje asturiano no puede separarse de la geografía marítima. Los acantilados han sido durante siglos referencia para navegantes y testigos silenciosos de una costa marcada por la fuerza del océano.
La siguiente parada es Luanco, villa marinera cuya historia estuvo vinculada a la pesca y, en otros tiempos, a la actividad ballenera. Su puerto y su arquitectura tradicional permiten imaginar una época en la que la vida económica dependía directamente del mar.
De regreso al hotel para el almuerzo, la jornada continúa por la tarde hacia el interior y la costa oriental.
Villaviciosa es uno de los grandes territorios de la sidra asturiana. El paisaje de pomaradas —los tradicionales campos de manzanos— forma parte de la identidad de la comarca.
La sidra no es simplemente una bebida: es cultura, agricultura, paisaje y sociabilidad. La manzana, las pomaradas, los lagares y las sidrerías forman una cadena que termina alrededor de una mesa compartida.
En el centro histórico de Villaviciosa aparecen palacios y casas centenarias que recuerdan la importancia económica que alcanzó la localidad en diferentes momentos de su historia.
La ruta finaliza en Tazones, pequeño puerto marinero de calles empedradas y casas bajas que parecen descender hacia el mar.
Sus balcones y ventanas decorados aportan una nota de color al conjunto, mientras el puerto conserva una escala humana especialmente agradable para pasear.
Tazones también ocupa un lugar destacado en la historia porque se encuentra asociado a la llegada a España, en 1517, del futuro emperador Carlos V.
El viajero que quiera disfrutar de la gastronomía local puede aprovechar para probar pescado del día, marisco o una buena ración de productos asturianos. Y, por supuesto, cualquier parada gastronómica en esta zona resulta una buena ocasión para volver a encontrarse con la sidra.
Regreso a la estación: seis días que dejan paisaje en la memoria
Después de varios días de recorridos, el último desayuno marca el inicio del regreso.
El traslado se realiza a primeras horas hacia la estación ferroviaria, donde queda tiempo libre hasta la salida del tren. El almuerzo corre nuevamente por cuenta del viajero y, tras el trayecto, llegará la estación de origen y el final del viaje.
Sin embargo, Asturias difícilmente termina cuando el tren llega a destino.
Permanece en la memoria el sonido del Cantábrico golpeando los acantilados, el olor de la sidra recién escanciada, el verde casi permanente de las montañas, las fachadas coloristas de Cudillero, la piedra húmeda de Covadonga o la silueta del Elogio del Horizonte recortada sobre Gijón.
El Circuito Bus ASTURIAS PAISAJE y GASTRONOMÍA en tren consigue reunir en seis días algunas de las diferentes caras de un territorio extraordinariamente diverso. Ciudades monumentales, pueblos marineros, montañas, playas, patrimonio histórico, arquitectura indiana y una gastronomía de fuerte personalidad aparecen conectados por un itinerario pensado para descubrir Asturias sin necesidad de preocuparse por la conducción.
Además, el régimen de Pensión Completa, con agua y vino, permite que el viajero se concentre en disfrutar del recorrido. Los tres almuerzos típicos en restaurante aportan, además, una dimensión gastronómica especial, mientras el transporte en tren de ida y vuelta y el autobús durante el circuito facilitan los desplazamientos.
Consejos para disfrutar todavía más del viaje
Conviene llevar calzado cómodo y con buena sujeción, especialmente para los paseos por cascos históricos, puertos y zonas naturales.
En Asturias, la meteorología puede cambiar rápidamente. Una chaqueta ligera impermeable resulta prácticamente imprescindible, incluso durante épocas aparentemente benignas.
Para la visita a los Lagos de Covadonga, es aconsejable llevar ropa de abrigo adicional. La temperatura puede ser sensiblemente inferior a la de las localidades costeras.
En la Playa de las Catedrales, las mareas determinan buena parte de la experiencia. No debe olvidarse que el acceso y las condiciones de visita pueden estar sujetos a regulación. También es importante atender siempre las indicaciones de seguridad, especialmente en zonas próximas a los acantilados.
Quienes deseen disfrutar de la gastronomía fuera de las comidas incluidas encontrarán numerosas oportunidades para hacerlo. Una sidrería tradicional puede ser el lugar perfecto para probar sidra natural y quesos; una confitería permite descubrir especialidades como las casadielles, los carbayones o el arroz con leche; y en las localidades costeras, el pescado y el marisco constituyen siempre una apuesta segura.
También resulta recomendable dejar espacio para la improvisación. Asturias es un destino donde una pequeña plaza, una conversación en una terraza o una vista inesperada desde una carretera pueden convertirse en uno de los recuerdos más agradables del viaje.
Porque, al final, viajar por Asturias no consiste únicamente en acumular fotografías. Consiste en observar cómo la montaña termina encontrándose con el mar, cómo una ciudad puede conservar el recuerdo de sus escritores, cómo una villa marinera mantiene sus casas mirando al puerto y cómo una bebida servida desde lo alto puede resumir siglos de tradición.
Seis días son suficientes para descubrir una parte importante de esta tierra, pero probablemente no para agotarla.
Asturias tiene la curiosa capacidad de dejar al viajero con la sensación de haber conocido mucho y, al mismo tiempo, de tener todavía mucho por descubrir.
Ese es quizá su mejor recuerdo: marcharse pensando ya en volver.